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lunes, 19 de julio de 2010

Juegos (I)

(En esta serie de escritos comentaré los incidentes relacionados con los XXI Juegos Centroamericanos que se celebran en Mayagüez. Créanme, hay mucho que contar…)

Los XXI Juegos Centroamericanos de Mayagüez quedaron inaugurados anoche. A pesar de lo que el viento se llevó el sábado, la presentación pospuesta se realizó sin mayores incidentes, complaciendo a la mayoría del público que acudió hasta el estadio para disfrutar, en directo, del colorido despliegue de música, luces, colores y espíritu deportivo.

Sin embargo, a través de las pantallas televisivas, la situación fue muy diferente. A juicio de varios amigos y colegas con los que me comunicaba durante la transmisión televisiva de los actos inaugurales, el programa en general fue un absoluto desastre. Vamos por partes:

La antesala: David Reyes, Héctor Vázquez Muñiz y Raúl Cintrón lucían extrañamente deshumanizados en ese embeleco virtual que simulaba un “set” de televisión. Todas las imágenes falsas, creadas en gráficas chillonas, molestaban al punto del vómito. No hablemos de los comentarios porque, de verdad, ni vale la pena mencionarlos. Lo peor de todo: las computadoras portátiles “decoradas” con un papel pegado que, por televisión, parecía una mancha anaranjada. ¿De quién fue la brillante idea?

La transmisión: Enumerar los fallos técnicos, de audio y de dirección sería inhumano, así que prefiero obviarlo. Una vez más se repite lo que he dicho desde que comencé a trabajar en la televisión, involucrado en eventos de transmisión en directo: HAY que pensar en el show que ven los espectadores en sus casas. Por más lindo que se vea en el estadio, una cosa es allí y ooootra muy distinta es lo que vemos en la pantalla. Se notó desde muy lejos la improvisación, la falta de ensayo, el mal gusto y, desgraciadamente, el atraso. Deberían mirar más televisión europea.

• La narración: Mis amigos pueden ser crueles, lo admito. Mientras escuchaban las intervenciones, algunos me enviaban mensajes como “me estoy durmiendo con la animación”, “me siento que estoy llamando a Telebanco Popular”… Sin embargo, tengo que tirarle la toalla a Cordelia González, a quien admiro y respeto como actriz, porque sé que ella hizo lo que pudo con lo poco que tenía para trabajar. Estoy segurísimo de que, si hubo libreto, fue malamente construido. Peor aún, tirarla al medio sin tener un coanimador de respaldo fue una soberbia falta de respeto, tanto para ella como para quienes la sufrimos tratando de resolver, como pudo, una cobertura muy extensa y malamente estructurada.

El espectáculo: Ante las deficiencias de audio –se escuchaba en el estadio pero NO en televisión—fueron muchos los elementos que perdí para entender el complicado montaje dedicado a “resaltar” la belleza de nuestros recursos naturales. Según comenté antes, mucho de esto se habría apreciado mejor con ensayos de cámara que recogieran, para el televidente, la intricada estructura de los montajes, de modo que tuvieran algún sentido. A juicio de uno de los crueles que me escribió via Facebook, un “talent show” escolar habría tenido más aciertos… Eso dicen ellos; yo me reservo el comentario.

El talento: El Maestro Cucco Peña y su orquesta, impecables. Chucho Avellanet e Hilda Ramos, extraordinarios. Gilberto Santa Rosa, magnífico. ¿Wisín y Yandel? Imperdonables. Digo, como no escuché bien el audio del estadio, tal vez ésa era la parte en que celebraban, en la historia del país, el vasto legado de los narcotraficantes a nuestra cultura popular. De hecho, el entusiasmo de los atletas --que violaron el protocolo y se apostaron frente a la tarima como si aquello fueran las Justas Interuniversitarias-- demostró la glorificación del "punto" que representan estos mequetrefes. Sólo falto que desplegaran, como telón de fondo, el mural de Coquito en Torres de Sabana. ¿Sería un homenaje en ausencia a Junior Cápsula?

Lo increíble: El acomodo estratégico de la presentación del Gobernador mató toda intención de abucheo, si todavía quedaba alguna. Pero la constante presentación del Gobernador y la Primera Dama en plena faena cocola durante el numerito de Gilberto Santa Rosa… C’mon, people, do you think we’re THAT stupid? Me imagino que, después del bailecito, se curaron escuchando canciones de Air Supply o Lionel Richie… Hello! Por cierto, aprovecho para comentarle alguito a doña Lucé: los brazos de Michelle Obama son espectaculares, así como sus vestidos. Tome nota.

• Lo más charro: Con todo el respeto, entrego este galardón al Honorable José Guillermo Rodríguez, Alcalde de Mayagüez. Don Guillito, si sus empleados y amigos no se lo dicen por caridad, humildemente me dirijo a usted con estas simples y contundentes palabras: cámbiese el recorte de Tony Manero, déjese crecer patillas y abrace las canas de su pelo y su bigote con dignidad. Y por favor, péguele fuego a ese “outfit” de blanco palomo antes de que Tony D’Astro lo demande por apropiación ilegal y usurpación de identidad.

El viento sopló y escocotó los andamios, pero no apagó el espíritu de celebración. Esperemos que las festividades se celebren con orden y respeto, considerando que, además de nosotros, hay visitantes de otras naciones que debemos acoger con alegría. Tampoco podemos olvidar que ésta es una competencia deportiva: muchas personas asistirán a los eventos, y no todos son boricuas. Por favor, mantengamos un espíritu balanceado, aplaudiendo a los nuestros (y a los otros) cuando ganan en sus disciplinas.

Por los fallos que he comentado, pues lo mejor será aprender de ellos y no repetirlos. Sé que los boricuas somos muy dados a la crítica viciosa y malsana, y nos gusta exigir perfección. Yo creo en ella, pero sé que se logra a través del trabajo arduo, el enfoque preciso y la disciplina absoluta, además de la apertura hacia otras opciones y posibilidades. Creo en la capacidad creativa del puertorriqueño, en su talento y en su tenacidad; es cuestión de darles la oportunidad a quienes tienen los méritos.

El escenario centroamericano ya está encendido; demos lo mejor de nosotros durante estos días de competencia y confraternización. No son los juegos de Felipe, de David o de Fortuño, son de Puerto Rico entero que está dando cara, y este país somos todos, así que a echar pa’lante.

Esta historia continuará...

jueves, 15 de julio de 2010

Experimento

Cayeron redonditos. Mi experimento “facebookiano” funcionó.

Me explico: entre el domingo y hoy, decidí poner fotos de las elecciones de Marisol Malaret y Deborah Carthy como Miss Universo. Los comentarios hacia la primera foto fueron positivos, agradables y simpáticos, hasta de agradecimiento por ayudarles a “recordar” ese “momento histórico”. Sin embargo, en el segundo caso, el entusiasmo ya no era el mismo: “¿y por qué tú pusiste a esa mujer ahí?”, me escribió una amiga en privado. “Para que tú me preguntaras”, le contesté, muerto de la risa. “¿Sabes quién es?”, le riposté en mi mensaje, que ella devolvió en menos de un minuto. “Pues claro, Deborah, la segunda Miss Universo... Cómo olvidarla…”

En el memorial colectivo, los nombres de estas “misses” que alguna vez bajaron de un avión en plan de besar la tierra nativa como el Papa (pero con corona de rhinestones), se aprenden como las tablas de multiplicar. Y no es sorpresa: las pasiones patrias se desbordan ante estos “eventos” que nos levantan del anónimo letargo internacional. Particularmente para estas generaciones más jóvenes, las reinas de belleza y los cantantes componen la pisada firme que intenta marcar una huella contundente en el mundo. No me sorprende: ante la actitud general de menosprecio patrio, producida por una tendencia creciente hacia el desarraigo, estos elementos componen, a mi juicio, una recompensa inmediata para acordarnos, si acaso, que somos boricuas (pa’ que alguien lo sepa).

Hagamos otra prueba: sin buscar en Google y sin contar al abanderado de la delegación nacional, mencione los nombres de diez atletas boricuas que nos representarán en los Juegos Centroamericanos de Mayagüez 2010. Tiene un minuto. (Para animarse al juego, sírvase escuchar la musiquita del Final Jeopardy)… Tan-tán.

Me atrevo apostar que, entre los mencionados, estará alguno que otro boxeador, quizás un gimnasta, probablemente la muchacha esa que es de natación y el muchacho este que corre, el de Ponce, Culson. ¿Y qué pasó con los chamacos que ganaron la copa de baloncesto? Ah sí, los que llegaron el lunes como cuatro gatitos perdidos, mostrando una copa que, como dijo el nene de un amigo mío, “no es tan cool como la del Mundial [de Fútbol]”… Ay, Dios.

Tampoco me extraña el comentario del nene si consideramos, además, el análisis que ejecutan los comentaristas radiales desde hace varias semanas, sobre la “fiebre centroamericana”. A juicio de algunos críticos de micrófono –que, entre otros comentarios, se refieren al evento como “un field day” o “los jueguitos esos”—la tal fiebre no es más que una calentura boba que significará pérdidas millonarias más que la esperada “ganancia turística”. Desde principios de semana, retumbaron los cañones: la poca ocupación hotelera en “Porta del Sol” –un disparate heredado de la pasada administración para denominar a los pueblos de la zona suroeste—y la amenaza de abucheos y manifestaciones para empañar la inauguración son patentes. Sumados estos elementos al mal sabor que todavía queda por los eventos del 30 de junio y la actitud general hacia el gobierno favorecen, sino incitan, esa actitud de antipatía/indiferencia/desazón/todas las anteriores hacia Mayagüez 2010.

Ahora bien, ¿cree usted que, si se tratara, otra vez, de alguna reinita en plan de saludo muñeca-codo, coronada de gloria universal, cambiaría la actitud? No sé, y me atrevo a concluir que, con un respingue de nariz, el boricua común diría “no, gracias” y huiría frenético a “coger fresco” en el centro comercial más cercano.

Tras el final de la Copa Mundial de Fútbol, un conocido me comentó que, al ver la entusiasmada recepción hacia el equipo español de fútbol a través de los canales españoles, había recordado el singular recibimiento a Marisol Malaret. “Desde esa vez, aquí no se ve lo mismo”, dijo con cierta nostalgia. “Es que no tenemos próceres”, añadió, con la sosera colgada de su voz. Y es cierto: necesitamos, con carácter de urgencia, héroes que nos saquen de la abulia colectiva. No tienen que ser aquellos viejos bigotudos de los libros de historia, rutilantes atletas o “misses” revestidas de lentejuelas. Tampoco tienen que esperar a filmar la película ganadora del Óscar. Sólo les hace falta ser boricuas orgullosos, dispuestos a hacer patria con sus acciones dignas. Hay muchos y muchas, estoy seguro, aunque no nos enteremos, abrumados por el bombardeo politiquero y la sed por el escándalo hueco o la notoriedad malsana.

No nos queda más que recordar a esas muchachas cuyo lustre se opaca, poco a poco, con el moho del olvido y la estupidez cotidiana. Mientras tanto, les propongo otro experimento: a ver quién se atreve a hacer historia.