Pudo ser por una de dos razones: o bien el presidente de Ecuador, Rafael Correa, tiene los pantalones muy bien amarrados en su sitio, o despertó del letargo profundo que ha atontado a miles de latinoamericanos por mucho, mucho tiempo.
Cuando leo la nota publicada en El Nuevo Día sobre la inusitada acción de Correa, quien mandó cancelar de golpe y porrazo el programa de Laura Bozzo en el canal estatal de televisión TC por considerarlo “una porquería”, me da una gracia increíble. Pero no por el acto encomiable del presidente ecuatoriano, sino por otra razón más cercana: la insoportable ristra de homenajes, agasajos, sesiones extraordinarias y festejos afines, con motivo de la visita promocional del actor español Paco León.
Esta semana, los hombres y mujeres de estado –y, además, la Primera Dama de San Juan; qué bonita es ella—se han derramado en elogios para el talentoso sevillano, quien vino a la isla para promover su nueva película Dieta mediterránea, entre otros menesteres. Y aclaro para el récord, antes que me fusilen sus “fans”: no es que me moleste que homenajeen a Paco León, caray, con lo mucho que me hace reír el muy tonto. Desde hace muchos años es uno de mis actores favoritos, por su capacidad para actuar con naturalidad sin perder ni un ápice de su instinto teatral. De hecho, he seguido la carrera de León desde sus años oscuros, cuando casi nadie en Puerto Rico sabía de su existencia, y siempre me parecía que llegaría a ser muy reconocido tanto en su país –donde ya ha ganado importantes galardones—como a nivel internacional. Así que bien merecido tiene que le festejen.
Pero es que se me cae la cara de vergüenza ajena cuando veo a estos insignes hombres y mujeres de estado reírle las gracias a León con tanto entusiasmo. ¿Será que verdaderamente les encanta la tele española por sus valores de producción? ¿O porque los muy guarros se la pasan diciendo “jo’er” en sus programas como si tal cosa?
Es posible, pero esos son otros veinte pesos. Lo que sí me entristece es que, después de zarandearlo por todos lados para degustara las delicias de la manteca boricua, Paco se ha encantado con nosotros y dijo, con todos sus dientes sevillanos, que quiere trabajar en la isla. Yo me imagino que sus expresiones intentaron corresponder, de un modo amable, a todo el cariño que recibió de los boricuas y que encanta a todos nuestros visitantes. Pero igual me sospecho que sus anfitriones lo llevaron de aquí para allá de modo que no estuviera en el hotel por mucho tiempo y ni se le ocurriera encender la televisión. El muy ingenuo se habrá imaginado que, con todo lo encantadores que somos, nuestra pantalla chica sería un reflejo directo de la creatividad, el espíritu y la alegría puertorra. Cuál sería su sorpresa al enterarse que le tocaría unirse al clan de “Chevy”, “Bejuco”, “Beba” y “Cholón” en el reencuentro de Con lo que cuenta este país. Claro, como el “Luisma” es tonto...
Por eso nada más sería interesante saber qué pasaría si, de buenas a primeras, a las autoridades que nos gobiernan se les ocurriera “adecentar la televisión” de la misma forma que hizo el presidente ecuatoriano al cancelar el infame “show” de Laura Bozzo. Me encantaría saber cuál de nuestros hombres y mujeres de estado ordenaría la cancelación inmediata de “La Comay”. Pues aseguro que ninguno/a, por supuesto: nuestras célebres figuras de autoridad han desfilado, libre y voluntariamente, por ese esperpento de programa como un ejercicio obligado de relaciones públicas durante sus faenas electorales. Nadie tendría fuerza moral suficiente para convocar a la decencia.
Tampoco tendrían fuerza de cara para explicarle a Paco León que no, macho, que aquí no hay televisión local; que sólo quedan dos o tres programas que sobreviven a fuerza de voluntad; que tenemos cuatro noticieros (uno con fecha de expiración) y muchas, muchas latas. Sin embargo, quizás alguno o alguna propondría, como salvaguarda para nuestra industria televisiva, crear un espacio de trabajo para que el talentoso Paquillo pudiera entretenernos con su arte, ya que nos hemos sentido tan a gusto con su agradable presencia. En ese caso, solicito que venga de inmediato el presidente Correa para que nos salve del desmadre, antes de que a la senadora Evelyn Vázquez se le ocurra llamarlo “Porto Rican Kulture Television”, en honor a la enjundia mantecosa con la que han adobado al actor sevillano.
“Qué guay, tío”, diría Paco, encantadísimo, mientras Sonya Cortés le hace un “pa’ que te jaltes” que ni te cuento. Y yo me entierro vivo.
sábado, 29 de agosto de 2009
miércoles, 26 de agosto de 2009
Que llamen al Rey
Cada vez que intento olvidar una de las metidas de pata que ocurren a diario en este país, alguien se supera con otra mucho más estrepitosa que la anterior.
Hace un par de semanas se lució la senadora Evelyn Vázquez con su profundo comentario sobre el vínculo entre la depresión de las confinadas y su ropa interior. Bueno, de La Mujer Pirata que gustaba de bailar en tubos no puedo esperar mucho más. Su brillantez quedó más que demostrada al proponer el rescate de los galeones españoles para financiar los Juegos Centroamericanos mientras que, con su bembita de bombón, les llamó “b-r-u-t-o-s” a los dominicanos. No obstante, aún cuando la preocupación de esta futura prócer nace de un asunto relativamente justo, ¿por qué plantearlo de esa manera tan burda? Por Dios, no sé ni para qué me lo pregunto, si a ésta la dejó Maripily calentándole la silla en lo que regresa de su luna de miel.
En medio de todo ese reguero –o quizá velando güira por falta de pantis—se monta en la ola un tal Yamil Gorritz, quien llegó a la isla con su entourage de “modelos exóticas” (en realidad, dos pobrecitas descuajadas) para anunciar, con bombos y platillos, su rotundo éxito como empresario pornográfico. Para los que nacieron ayer, este imbécil con pinta de chulo fue el protagonista de aquel infame vídeo triple X que protagonizó una joven que pudo ser una cantante muy exitosa, pues herencia le sobra. ¿Y a santo de qué viene éste, con su séquito de putones de cuarta, a promover una “lucrativa empresa” que emprendió cuando nadie quiso –según él—darle paso como artista? Bueno, es que la verdad es hija de Dios: si no te dan el “break”, es que no lo hay. No obstante, lo más patético no es que éste venga a hacer alarde de sus “negocios”: lo peor es que habla y habla como cotorra en pase de perico a cuanto medio de comunicación le cruce por delante. Que ni a Culson con su medalla de plata le han dado tanto despliegue periodístico. Y no me sorprende: en este país a cualquier trapo le llaman frisa.
Cuando por fin todo parece calmarse, salta a la picota pública el escarceo que ha formado la “ex tenedora” de la franquicia local de Miss Universe tras el desempeño de Mayra Matos en el concurso celebrando en Bahamas. (Pausa para suspirar profundo.) En realidad, repetir las tonterías que ha dicho esta señora es, sencillamente, gastar espacio vital, así que ni pienso hacerlo. Pero igual no deja de sorprenderme la habilidad que ha tenido este estuche de monerías para retorcer verdades y acomodarlas de una manera tan falsa como los implantes de sus candidatas –excepto Mayra que, les aseguro, lo que tiene es de fábrica. Como he comentado a quienes me preguntan sobre el tema, pienso que hay que tener piedad y compasión de ese ser humano. Y de ella, pobre infeliz, no espero más porque es imposible. Sobre todo cuando recuerdo que fue ella, precisamente, la misma criatura que me ofreció un acuerdo de intercambios de recorte en su salón de belleza con tal que le escribiera un guión para una historia televisiva. A mí, que soy calvo. Nada más con el testigo.
Entonces, justo cuando el inodoro tapado amenaza con desbordar, se desmanda sobre él como un becerro sin campana ese exquisito personaje llamado Jaime González Goenaga. Vaya usted a saber, como decía mi abuela, qué pata puso ese huevo, porque ni su santo ni su seña eran conocidos hasta que empezó a sonar el desmadre. Según los vídeos posteados en YouTube y difundidos ampliamente por la prensa nacional, el tal empresario se despachó con la cuchara grande en un arranque de grosería –provocada, según él, por un “mal rato” que había pasado antes. Por la alegada incomodidad sufrida, este esperpento abrió la boca y sí que metió las cuatro, junto con el hocico, al insinuar que los menos afortunados podrían acercarse al proyecto Riviera del Caribe para que aprendan cómo viven los ricos. Y habló de “limbers” de cincuenta centavos, de aspirar a la riqueza a través de la Loto, habló y habló y habló de tantas imbecilidades que, bueno, mejor ni contarlas.
Mi mamá, que es una mujer muy sabia, siempre dice que “tan culpable es el que mata la vaca como el que le amarra las patas”. Y en este caso, el debate entre los que acuchillan a la res y los que se ofrecen para llevarla al matadero está prácticamente parejo. Porque, según ha habido desatinos tan espantosos, de igual forma ha habido tontos que observan, al parecer sin sangre en las venas. Éste es el denominador común de estas historias increíbles: frente a la insensatez y la torpeza, existe foro. Porque mire usted qué mucha tinta de prensa y espacio cibernético han generado estos injertos humanos y, por lo visto, el asunto va para largo.
Es por eso que, humildemente, me atrevo a proponer una solución parcial ante las autoridades públicas o, por lo menos, a las que tengan que ver con el respeto al decoro y las buenas costumbres. Con tal de que el barullo se aquiete y, por lo menos, tengamos algún respiro de paz –hasta que la próxima tormenta o el próximo brote cochino nos ponga a correr en busca de salchichas y hand sanitizer—suplico que, en nombre de la prudencia, un alma noble se comprometa a llamar al Rey Juan Carlos de España para que organice un golpe de estado y nos gobierne. Así es que, a mi juicio, se detendría esta ola de insensateces de una buena vez, cuando el Bourbón los mire con su cara de mangó verde y les grite a todos, uno por uno: “¿Por qué no te callas?”
Sería bueno. Aunque fuera no más por un ratito.
Hace un par de semanas se lució la senadora Evelyn Vázquez con su profundo comentario sobre el vínculo entre la depresión de las confinadas y su ropa interior. Bueno, de La Mujer Pirata que gustaba de bailar en tubos no puedo esperar mucho más. Su brillantez quedó más que demostrada al proponer el rescate de los galeones españoles para financiar los Juegos Centroamericanos mientras que, con su bembita de bombón, les llamó “b-r-u-t-o-s” a los dominicanos. No obstante, aún cuando la preocupación de esta futura prócer nace de un asunto relativamente justo, ¿por qué plantearlo de esa manera tan burda? Por Dios, no sé ni para qué me lo pregunto, si a ésta la dejó Maripily calentándole la silla en lo que regresa de su luna de miel.
En medio de todo ese reguero –o quizá velando güira por falta de pantis—se monta en la ola un tal Yamil Gorritz, quien llegó a la isla con su entourage de “modelos exóticas” (en realidad, dos pobrecitas descuajadas) para anunciar, con bombos y platillos, su rotundo éxito como empresario pornográfico. Para los que nacieron ayer, este imbécil con pinta de chulo fue el protagonista de aquel infame vídeo triple X que protagonizó una joven que pudo ser una cantante muy exitosa, pues herencia le sobra. ¿Y a santo de qué viene éste, con su séquito de putones de cuarta, a promover una “lucrativa empresa” que emprendió cuando nadie quiso –según él—darle paso como artista? Bueno, es que la verdad es hija de Dios: si no te dan el “break”, es que no lo hay. No obstante, lo más patético no es que éste venga a hacer alarde de sus “negocios”: lo peor es que habla y habla como cotorra en pase de perico a cuanto medio de comunicación le cruce por delante. Que ni a Culson con su medalla de plata le han dado tanto despliegue periodístico. Y no me sorprende: en este país a cualquier trapo le llaman frisa.
Cuando por fin todo parece calmarse, salta a la picota pública el escarceo que ha formado la “ex tenedora” de la franquicia local de Miss Universe tras el desempeño de Mayra Matos en el concurso celebrando en Bahamas. (Pausa para suspirar profundo.) En realidad, repetir las tonterías que ha dicho esta señora es, sencillamente, gastar espacio vital, así que ni pienso hacerlo. Pero igual no deja de sorprenderme la habilidad que ha tenido este estuche de monerías para retorcer verdades y acomodarlas de una manera tan falsa como los implantes de sus candidatas –excepto Mayra que, les aseguro, lo que tiene es de fábrica. Como he comentado a quienes me preguntan sobre el tema, pienso que hay que tener piedad y compasión de ese ser humano. Y de ella, pobre infeliz, no espero más porque es imposible. Sobre todo cuando recuerdo que fue ella, precisamente, la misma criatura que me ofreció un acuerdo de intercambios de recorte en su salón de belleza con tal que le escribiera un guión para una historia televisiva. A mí, que soy calvo. Nada más con el testigo.
Entonces, justo cuando el inodoro tapado amenaza con desbordar, se desmanda sobre él como un becerro sin campana ese exquisito personaje llamado Jaime González Goenaga. Vaya usted a saber, como decía mi abuela, qué pata puso ese huevo, porque ni su santo ni su seña eran conocidos hasta que empezó a sonar el desmadre. Según los vídeos posteados en YouTube y difundidos ampliamente por la prensa nacional, el tal empresario se despachó con la cuchara grande en un arranque de grosería –provocada, según él, por un “mal rato” que había pasado antes. Por la alegada incomodidad sufrida, este esperpento abrió la boca y sí que metió las cuatro, junto con el hocico, al insinuar que los menos afortunados podrían acercarse al proyecto Riviera del Caribe para que aprendan cómo viven los ricos. Y habló de “limbers” de cincuenta centavos, de aspirar a la riqueza a través de la Loto, habló y habló y habló de tantas imbecilidades que, bueno, mejor ni contarlas.
Mi mamá, que es una mujer muy sabia, siempre dice que “tan culpable es el que mata la vaca como el que le amarra las patas”. Y en este caso, el debate entre los que acuchillan a la res y los que se ofrecen para llevarla al matadero está prácticamente parejo. Porque, según ha habido desatinos tan espantosos, de igual forma ha habido tontos que observan, al parecer sin sangre en las venas. Éste es el denominador común de estas historias increíbles: frente a la insensatez y la torpeza, existe foro. Porque mire usted qué mucha tinta de prensa y espacio cibernético han generado estos injertos humanos y, por lo visto, el asunto va para largo.
Es por eso que, humildemente, me atrevo a proponer una solución parcial ante las autoridades públicas o, por lo menos, a las que tengan que ver con el respeto al decoro y las buenas costumbres. Con tal de que el barullo se aquiete y, por lo menos, tengamos algún respiro de paz –hasta que la próxima tormenta o el próximo brote cochino nos ponga a correr en busca de salchichas y hand sanitizer—suplico que, en nombre de la prudencia, un alma noble se comprometa a llamar al Rey Juan Carlos de España para que organice un golpe de estado y nos gobierne. Así es que, a mi juicio, se detendría esta ola de insensateces de una buena vez, cuando el Bourbón los mire con su cara de mangó verde y les grite a todos, uno por uno: “¿Por qué no te callas?”
Sería bueno. Aunque fuera no más por un ratito.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)