viernes, 29 de enero de 2010

Beautiful

Okey, ya sé: me van a preguntar si fue porque me siento feo o viejo. También me acusarán de sentirme acomplejado, de buscar notoriedad o reconocimiento. Nada que ver.

Para los que no se enteraron (porque estaban muy ocupados haciendo fila para comprar donas), en estos días se publicó una información sobre una página de internet dedicada a juntar a las personas más bellas del mundo. Esta especie de club social cibernético –en realidad, un portal para citas—prometía, entre otras cosas, actividades exclusivas en las que sus integrantes participarían en amena confraternización, contemplándose y halagándose hasta vomitar la bilis.

“Demasiado embuste para ser verdad”, pensé de inmediato, y empecé a averiguar. Entré al sitio y completé un formulario que incluía, entre otras cosas, la presentación de una foto que sería sometida a una votación de cuarenta y ocho horas. Miré la foto que acompaña a este “blog” y respiré hondo. Qué diablos: ¿cuándo tendré la oportunidad de competir por el título de Mister Beautiful?

Muy poco me duró la ilusión. Tan pronto entré a la susodicha página, me di cuenta que el asuntito tan prometedor no era tan chévere. Al revisar los perfiles con los que competía por el preciado título –poniendo el nombre de Puerto Rico en alto, por supuesto—comprendí que la competencia era desleal. Tipos descamisados, muchachitos veinteañeros, hombres con cabellera completa... ¿Dónde está el “panel de expertos” que me juzgaría en la competencia preliminar, en la categoría de “40 plus”? Nada que ver, por Dios.

Cuando leo la nota publicada hoy en Primera Hora, me doy cuenta de que fueron muchos y muchas los que buscaron su oportunidad, aunque los creía en la fila de las donas. Quizás entraron al lugarcito ese con la intención de validarse ante el mundo o, peor aún, ante sí mismos/as. Por supuesto, muchos sospechaban lo que afirmo como una verdad absoluta: nadie debe ser aceptado sólo por su apariencia física. Las muchas misses que hemos visto han repetido esta máxima como un padrenuestro: “la belleza interior es la que cuenta”. Entonces, ¿por qué todavía buscamos ese triunfo?

Habría que preguntar, sobre todo, a quienes convierten la fealdad en un mal chiste. Por ejemplo, ayer encendí la televisión y estaba en el aire un programa vespertino de chismes (hay dos ahora, así que se puede escoger entre el malo y el peor). Me detuve a mirar el segmento y observe, con absoluta incredulidad, cómo los comentaristas despachaban a carcajada limpia la “noticia” de que, al regresar de una grabación especial destinada a recaudar fondos para la reconstrucción de Haití, la cantante escocesa Susan Boyle encontró un intruso en su casa. El “chiste” apuntaba a que Boyle no habría debido asustarse ni mucho menos denunciar a las autoridades. Todo lo contario: debía “agradecer” la presencia masculina que le permitiría, según ellos, librarse de los muchos estigmas que le acompañan por ser vieja, solterona, virgen y, para colmo, fea.

Soporté con enojo las risotadas imbéciles y los chistes zonzos de los tres comentaristas. Peor aún, intenté comprender los razonamientos insulsos, avalados por dos mujeres que, a cuenta del “rating”, perpetuaban la bromita. Sobre esta cara linda que Dios me ha dado, aguanté, en nombre de Susan Boyle, los comentarios más nefastos, absurdos e irrepetibles sobre su persona, su apariencia, su desgracia. Ahí comprendí el porqué de tanta popularidad subrepticia hacia el asuntito este del “beautiful people”: en el fondo, tememos a la fealdad, porque algunas personas –tristemente, algunas que tienen foro abierto frente a la opinión pública—continúan validando la asociación de “bueno” y “bello” con lo que se ve, no con la esencia de lo que se es. Y esto no es privativo de Puerto Rico, que conste: así lo comenta Lisandro Otero en un ensayo sobre el avance de México hacia una "norteamericanización ficticia", que no es más que la búsqueda de la belleza plastificada, irreal, insípida.

Esta mañana recibí la nota amable: “Estimado/a Jorge, Lamentablemente, su aplicación a BeautifulPeople Network no tuvo éxito. Los miembros de BeautifulPeople no encuentra (sic) su perfil lo suficientemente atractivo.” Bah. Qué infeliz soy. Y para colmo, feo. Mira cómo lloro de pena.

Por Dios, ninguna página de internet tiene que decirme lo guapo que soy, porque yo lo sé. A esta edad cuarentosa, he asumido la imagen frente al espejo con absoluta tranquilidad, celebrando cada marca e imperfección de mi cuerpo como una prueba de lo vivido. El imbécil ejercicio que ha trastornado a muchos me causa risa porque hubo personas que se lo tomaron muy en serio. Sé que hay gente que ha llorado, sintiéndose rechazada. ¿Qué les pasa? Sean felices, hagan la fila y cómanse una dona.

En realidad, habría sido bonito ganar el título y ser recibido en una caravana por la Avenida Baldorioty, aunque no sé si le habría aceptado una llave de la ciudad al alcalde Santini. Fuera de bromas, la ganancia más importante de este ejercicio idiota ha sido comprender que, aún con lo mucho que parecemos avanzar hacia un espacio en el que la diversidad es aceptada e inclusiva, todavía persisten los viejos modelos que justifican el estereotipo, la burla y la mediocridad. Espero que, alguna vez, pasemos de eso con dignidad.

Igual aprendí otra lección: para la próxima, necesito un mejor fotógrafo.

1 comentario:

Unknown dijo...

También escuché en los medios sobre esta página, y quize entrar por curiosidad, ya que si me aceptaban o no me daba igual, pero no tuve oportunidad. Me resulta sorprendente como en un mundo tan modernizado para muchas cosas, algunos aún persigan estos estereotipos de belleza y de otros tabúes más... ¡Bueníssimo¡ Me gustó mucho el artículo, y me reí con el¡ sobre todo lo de "Cómprese una dona"¡¡