Todavía no conozco a nadie que disfrute las despedidas: ese momento de desapego en el que nos alejamos de algo –o alguien—arraigado a nuestro corazón duele con cojones. El que diga lo contrario, miente con descaro y necedad absoluta. Sin embargo, decirle adiós a este año es un momento jubiloso para mí.
No puedo tapar el cielo con la mano: este año estuvo absurdamente cabrón. Resumirlo es inútil; no sé ni para qué los noticieros y los periódicos decidieron repasar los eventos que todos queremos olvidar. Sin embargo, en lo personal, debo ser justo: a pesar de todos los malos ratos –que sí fueron malos pero solo fueron ratos—debo admitir que fueron muchas las ganancias. Aprendí lecciones importantes de buenos maestros y maestras que, en su momento, cruzaron por mi ruta para señalarme lo correcto. Comprendí, una vez más, que vivir en familia es un experimento arriesgado para crecer en experiencia, en sabiduría y en paciencia. También supe que los buenos amigos y amigas siempre son y están, sin importar el grado de distancia que nos vincula.
En este año he sido feliz y, cómo no, me he sentido como mierda. He aplaudido a gente maravillosa que me ha emocionado con sus logros –no todos son famosos; hay personas que, pasando inadvertidos, son mucho más grandes que un nombre resonante o una cara conocida. También he abucheado a imbéciles que no merecen ni un segundo de tiempo y energía –aún así, he aprendido a reconocer en sus estupideces lo que no quiero para mí: la mediocridad, la insensatez, la imprudencia.
He abrazado y he reído. Me he encabronado y he llorado. En síntesis, he sido humano: hijo, hermano, amigo, colega, maestro, estudiante, ciudadano. He podido hacer más con lo que tengo y he multiplicado lo que me falta para compartirlo. He entendido que hay momentos, tanto extraordinarios como olvidables, que nunca durarán para siempre: si algo aprendí de ellos es recordar cuán necesario es vivirlos para que nadie te los cuente.
¿Y qué hago con este 2011 que ya se muere? Decirle adiós, por supuesto.
Mientras los minutos avanzan hacia su final inevitable, estoy decidido a ser lo mejor que puedo y a olvidar lo que no me hace falta. Quiero –de verdad que sí—creer que este país tan confuso y desperdigado en que vivo tomará las riendas de su voluntad y, sobreponiéndose a los imbéciles, caminará por rumbos de progreso. Sé que hay personas de gran valor, tan dispuestos como yo a trabajar todos los días para disfrutar de la armonía, la paz y la grandeza que se producen cuando empujamos hacia el mismo lado. Es difícil, sobre todo cuando reconozco que –según hay gente maravillosa—también persiste la mediocridad, la estupidez y la intolerancia. Hay que vivir con eso y, mejor aún, hay que superarlo. Dejar que reine sin enfrentarlo es tan terrible como ignorarlo, así que ni siquiera es una opción permitir que subsista con nuestra indiferencia.
En mi interior, a este nuevo año le tengo muchos deseos. Desde ya empiezo a conocer más gente auténtica que me hace reír con su ingenio y me emociona con su riqueza de alma. Me empeño en saborear la alegría de mis palabras, bien dichas y escritas, sin temor a vomitar por mi propia inconsistencia. Asumo el peso de la armadura para enfrentar a los monstruos, grandes y chiquitos, porque no les tengo miedo. Bendigo a los seres nobles que me acogen en su regazo y agradezco a los que me patean con su idiotez. Toco a la puerta del bien para que me permita entrar, descalzo y sin prisas.
A ti, 2012 que ya te asomas, te reclamo sin vergüenza alguna: para mí quiero lo mejor, porque me lo merezco. Para los míos, quiero eso y más, porque es lo propio. Para mi país, también quiero lo mismo multiplicado al máximo, porque es lo justo. Para el mundo, igual quiero lo mismo y más porque, coño, ya es hora.
A ti, 2011 que ya te largas, te digo adiós y gracias: espero que nunca te repitas, excepto en lo bueno que, aunque parezca poco, nos dejas.
Salud, paz, éxito, amor y alegría. Felicidades a todos y todas.
Mostrando entradas con la etiqueta reflexión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta reflexión. Mostrar todas las entradas
sábado, 31 de diciembre de 2011
viernes, 20 de junio de 2008
Cuarentosos y cuarentosas, ¡bienvenidos/as!
Hace unos meses, surgió un interesante cambio en mi desarrollo como columnista que me permitió un respiro profundo para reflexionar sobre mis horizontes creativos. Aunque ya había incursionado en el mundo del "blogging", decidí utilizar esta maravillosa herramienta de comunicación para tantear lo que, en este momento, me provoca mayor interés: la reflexión sobre la vida durante la cuarta década.
Como suele ocurrir en el proceso creativo, por tanteo y error descubrí muchas cualidades de esta etapa de mi vida que observo con mucha curiosidad. "Vivir los cuarenta" tiene muchas ventajas: eres más sabio/a, vives con más intensidad, y manifiestas tu independencia sin ataduras. La madurez de estos años te libera de viejos tabúes y redescubres momentos que, a los veinte años, enfrentaste con marcadas reservas.
Cada dos semanas, me acercaré a ustedes con un historia distinta sobre la "vida cuarentosa", escrita con un toque divertido y sincero. Espero que disfruten de este espacio con la misma alegría que siento al compartir de nuevo con todos y todas ustedes.
Un saludo "dos por veinte",
JP-R
Como suele ocurrir en el proceso creativo, por tanteo y error descubrí muchas cualidades de esta etapa de mi vida que observo con mucha curiosidad. "Vivir los cuarenta" tiene muchas ventajas: eres más sabio/a, vives con más intensidad, y manifiestas tu independencia sin ataduras. La madurez de estos años te libera de viejos tabúes y redescubres momentos que, a los veinte años, enfrentaste con marcadas reservas.
Cada dos semanas, me acercaré a ustedes con un historia distinta sobre la "vida cuarentosa", escrita con un toque divertido y sincero. Espero que disfruten de este espacio con la misma alegría que siento al compartir de nuevo con todos y todas ustedes.
Un saludo "dos por veinte",
JP-R
Etiquetas:
columnas,
reflexión,
vida a los cuarenta
Suscribirse a:
Entradas (Atom)