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miércoles, 27 de julio de 2011

Gargufo

Me imagino que, después de leer el título, ahí está rascándose la cabeza, preguntándose si me fumé algo de lo que le incautaron al Picu. Tranquilice su espíritu: gracias a mi amiguísimo Tony, hace unas semanas me enteré de que un par de nuevos personajes se integrarían a la “mitología ufológica puertorriqueña”. Bah, con toda la razón (y un poco más) pensará usted que suficientes maleantes, cochofles, bodrios e insulsas tenemos ya en nuestra fauna nacional como para inventarnos otros. Pues no me culpe a mí sino al propulsor de esta historia, un tal Reinaldo Ríos –a quien no me gustaría vincular con Osvaldo Ídem, el actor manisuelto.

Pues en gargufos pienso cuando leo las noticias sobre Jennifer López. Feliz, así dice que está ella, luego de celebrar por todo lo alto sus 42 años durante todo el fin de semana. Probablemente, cuando JLo se mira al espejo, seguro que ve a una mujer hermosa, adinerada, reconocida y, por supuesto, deseada por una buena parte de los hombres del mundo. Me atrevo a afirmar, sin embargo, que la contentura que le sale de las entrañas no solo tiene que ver con esas razones sino por otra, mucho más poderosa: tan pronto como se arreglen los asuntos legales, se habrá divorciado del espécimen que, según dicen los que saben, han avistado en los valles de Lajas.

¿Qué no me cree? Nada más mire la foto.

Sumergido entre el lluvioso clima veraniego que nos ha aguado los viajes baratos de pasadía al balneario, pensé que el mitológico gargufo compartido por Tony se había hundido en las pailas del olvido. Si analiza la foto, verá que esta criatura de las tinieblas tiene la misma cara de lagartijo chupao y colmillú, capaz de actuar con saña, celos y malas costumbres. No lo digo yo, sino la prensa: véase la larga lista de especulaciones que desparraman tinta mediática a troche y moche, implicando al susodicho con escándalos de marca mayor. Creo que, si le vieran aparecido por los descampados lajeños, hasta le espantaría las ganas de Indiana Jones al mismísimo Chemo Soto.

Entre tanto, nada parecería espantar del rostro de Roberto Alomar la sonrisa de satisfacción. Este domingo, después de olvidar incidentes que amenazaron con empañar el final de su prolífica carrera como “el mejor segunda base del mundo”, por fin fue exaltado al Salón de la Fama del Béisbol de Grandes Ligas. Claro, todos pensarían que su sonrisa de satisfacción responde solamente al logro que enorgullece a la comunidad deportiva internacional. Pues añádase a la noticia otro triunfo para el pelotero: divorciatus est de la Gargufa Bronceada.

¿Que exagero yo? Examine la prueba.

En este caso, hay que andarse con cuidado al realizar el análisis. En primer lugar, se trata de una variedad femenina de la especie, tan seductora y apetecible como un pollo asado de Amigo. Aún con la marcada diferencia que se observa entre esta y el espécimen anterior, hay que ver que su afilada dentadura les hermana. En el primer caso, es pura desgracia genética; en este, además, la mordida viene acompañada de un hambre particular por la buena vida y el protagonismo que ventea sus intimidades como pantaletas tendidas al viento. Sus talentos intelectuales (también) son particularmente cuestionados, aunque nadie duda de su habilidad para descolgarse de sus plásticas sinuosidades a los varones que le colaboran con jugosos aumentos a sus bienes gananciales.

Señor Ríos, de verdad, quisiera conversar con usted alguna vez. Nada más quisiera saber las razones que tuvo para crear semejantes personajes mitológicos. Con todo respeto, me atrevo a decirle que nada más con mirar a su alrededor tendría una idea clara y contundente de que, en efecto, los personajes extraños y descontrolados salen a montón por chavo.

¿Qué todavía lo duda? Mire a este ejemplar:

¿Alguien sabe por dónde es la salida?