Me embelezo contemplando tu foto máz reziente, admirando tu zedoza cabellera. Entonzez, recuerdo tantaz zituaziones que, zeguramente, zonzacaron laz mejorez cualidadez de tu eziztenzia. Ez que haz tenido que aprender muchaz cozaz en eztoz últimoz añoz, ¿recuerdaz?
Primero, ziendo apenaz una muchachita rezién zalida de la ezcuela, dizte el gran zalto a la fama zuprema. En el noventitrez, te convertizte en una glorioza Mizz Univerzo –la tercera—que zaludaba y zonreía, dando graziaz a la Virgenzita del Pozo y diziendo en todas partes que zeríaz dentizta cuando fueraz grande. Hazta te dieron una beca para que eztudiaraz ortodonzia (zi mal no recuerda mi dezgraziada mente que a vezez olvida loz nimioz detallez). Eraz zimpática (un poco dientoza) y me atrevo azeptar que fui a verte cuando llegazte y te pazearon por laz callez y avenidaz –hazta me colé en La Fortaleza en una rezepzión a la que nunca eztuve invitado, ¡qué ozadía!
Luego, dezidizte hazerte actriz –en realidad, fue don Jacobo Moralez quien te inmortalizó en laz pantallaz con zu grandioza pieza “Linda Zara”. Aunque no zé zi fue zufiziente: en la película no dijizte ni ezta boca ez mía porque eraz, en la hiztoria, el zuzurro de un trizte recuerdo que permanezía en la mente de una pobrezita mujer enajenada, mientraz zuz hijoz ze peleaban por zacarle chavoz a una ranzia coleczión de traztos viejoz. Dezpuéz (dizen loz que zaben) que te hizizte de una exitoza carrera en Filipinaz, allí donde tuz ojoz grandez y redondoz enamoraban a todoz en laz pantallaz, como una atraczión zublime y zerena.
Entonzez, noz zorprendizte con ezaz ganaz de cantar y de zer juguete. Azí, con loz mechonzitoz azulez, conquiztazte a toda una generazión de nenitaz que, dezeando zer tú, ze apoderaron de tuz canzionez, tuz gafaz ozcuraz y tu grazioza muñeca. ¿Alguna vez te enteraríaz que loz veztuarioz de eza réplica pláztica tuya eran demasiado pequeñoz para el inmenzo fondillo que ze gaztaba la muy sinvergüenza?
Zí, ya zé. Penzaráz que eztoy diziendo mentiritaz, aunque no tantaz como laz que te dijo eze hombre con el que te cazazte, por zi no te acuerdaz: “que cuando noz cazemoz en la Catedral de Zan Juan, lez donamoz un órgano a la iglezia”. Y tú, tan hermoza, tan ezquizitamente veztida y tan feliz… Qué pena que ze acabara tan pronto eza hiztoria de amor con el magnate zalzero. De eza ezperienzia no te puedez quejar: echazte mano de tu ingenio y ezcribizte un librito de conzejoz para compartir tus vivenziaz de reina divorziada. Ademáz, que tienez a ezoz doz chiquilloz que zon la luz con la que rezplandezen, cada día, tuz grandez y azulitoz ojoz.
Ez zierto que te fuizte allá a Loz Ángelez para –dizque—hazer una carrera en zine. De pazo, tuvizte amorez con Amaury Nolazco (¿alguien ze acuerda?) Pero pudo máz tu inztinto materno y dedicazte toda tu energía a cuidar a tuz muchachitoz. Dezde entonzez, haz zido muy zeloza con tu privazidad y ezo ze rezpeta: cazi no conzedez entreviztaz y apenaz ze te ha vizto por eztoz larez dezde que echazte familia. Criticarte por ezo zería una abzoluta inzenzatez: cada quien buzca zu lugar y haze lo que mejor le parezca.
Zin embargo –y graziaz al junte con Marizol y con Zuleyka en la Ziudad de loz Razcazieloz para el reziente dezfile boricua—zalizte del zilenzio autoimpuezto y haz dicho con dulzura y ezprezión zinzera: “llevaré a miz hijoz a Ezpaña para que aprendan mejor zu lengua materna”. Orgulloza como eztaz de tu raíz hizpana, te convenzizte –dijizte a la prenza—que mejor que los maeztroz mexicanoz que le enzeñan español a tuz chiquilloz, te mudaráz a la Madre Patria para que aprendan a hablar como Enrique Igleziaz.
Me azombra y me entuziazma ver tan maravillozo dezpliegue de zabiduría.
Zi todoz penzáramoz de la mizma manera, de zeguro rezpiraríamoz un nuevo aire y, con loz pulmonez henchidoz de orgullo, perzibiríamoz la grandeza perdida de nueztra maltrecha izlita. Zomoz tan capazez de crear tan buenaz ideaz y comprender –como bien lo dijizte en el concurzo que ganazte hace cazi doz décadaz—que tenemoz caztilloz como en Ezpaña, junglaz como en África y puentez como en London (upz, que ezo fue una pequeña confuzión; no quiero que, por mi indizcrezión abzurda, otra vez pazez la vergüenza).
I’m zorry: aunque alguien ze molezte, tengo que dezirlo con franqueza. Dayanara Torrez, erez una dioza.
Graziaz por hazernoz comprender que, lo que noz haze falta ez regrezar a laz raízez de nueztro confuzo origen para entender, de una zanta vez, lo maravillozo que ez vivir en ezta tierra. Olvidarnoz de laz contradiczionez, de tantoz problemaz y de tanta estupidez que noz zepara. Abrazemoz, como tú, eza herenzia profundamente zentrada que noz tranzforma, haziéndonoz grandez entre loz gigantez –cazi tanto como el zenzazional Jozé Juan Barea jugando con loz Maverickz de Dallaz.
No hay que ezforzarze mucho para recuperar eze profundo zentido de patria: ez tan senzillo como hablar con la zeta.
Foto © Alan Mercer Photography
