lunes, 20 de julio de 2009

Saludos, saludos

No, no es que me adelante a las navidades: es que me anticipo a la gripe.

Para empezar, escribo con máscara. Yo no sé si el programa antivirus de la computadora será suficiente para protegerme. Me tildarán de exagerado, pero más vale cobarde vivo. Si antes le tenía terror a los estornudos en público, ahora ni me los quiero imaginar. Pero la penuria ha sido larga y difícil, porque esto de llevarse bien con una gripe insidiosa no es cáscara de coco.

En realidad exagero y con razón. Honro mi puertorriqueñismo diciendo que esto es el acabose, que aquí no nos salva ni el médico chino y que estamos a dos curvitas del Apocalipsis. Claro, hay que decretar así, con grandiosidad. No se puede dormir en las pajas diciendo que ésas son boberías, ni que el virusito ése se lo inventaron en un laboratorio para que una farmacéutica se forrara de chavos, no. Esto es castigo divino, punto y se acabó.

Según mi herencia boricua, también soy algo hipocondríaco. Y tan pronto como empezaron a sonar los tiros, me picó la garganta. Cuando prendí la televisión y vi la cara de mangó verde que traía el doctor Rullán en la conferencia de prensa, sentí el primer retortijón de tripas. Tres segundos más tarde repasé mi vida en las pasadas 48 horas. ¿Dónde estuve? ¿A quién toqué? ¿A quién besé? ¿En dónde pagué? ¿Qué hice con el cambio? ¿Me toqué la nariz? ¿Me comí las uñas? ¿Me rasqué la calva?

Aunque la piquiña resultó ser alergia y el malestar estomacal se me alivió con un palo de Pepto-Bismol, no bajé la guardia. Me raspé los tres noticieros principales y leí todas las páginas de la Internet con información local. Continué mi repaso minucioso de acciones y reacciones: ¿Con quién hablé? ¿Dónde me senté? ¿Quién se sentó antes que yo? ¿Qué hice cuando me paré? Entonces fue que descubrí mi pecado: saludé a alguien con besos y abrazos. Ahora sí: estoy jodido.

Ahí fue que empezaron a llegar los mensajes. De todas partes. Alguien escribió las “tablas de la ley” –en realidad, un e-mail de esos de cadena— y la regó como un estornudo. En el documento de marras, se explica con mocos, toses y otras señales el cómo, cuándo, dónde y por qué de esta gripe de los demonios.

Y ahí, justo en el punto número 8, se documenta mi desgracia:

P: ¿Cuál es la forma como entra el virus al cuerpo?
R: Por contacto al darse la mano o besarse en la mejilla y por la nariz, boca y ojos.


Tooooomaaaaaa, Jorgito. Bueno que te pase, por besucón. Es que nadie ha dicho que estar ahí pegado como lapa, demostrándole cariño a la gente, es una buena forma de demostrar la amistad. Aprende de los chinos: ellos no se saludan de mano. Se hacen reverencias de lejitos. Y podrán morir de cualquier otra cosa, menos de esta porquería. Por eso es que han tenido tiempo para fabricar tanta ropa, aparatos, utensilios. No andan por ahí embracetados como los boricuas, que hasta para el baño cargamos con la familia.

Entonces, que el espíritu de Bruce Lee te ampare de toda enfermedad, y practica el saludo saludo, vengo a saludal/como los chinitos/me voy a inclinal. Manita con manita y reverencia. No está nada mal; se ve distinguido, sobrio, hasta algo chic. Si Carla Bruni lo pusiera de moda y apareciera publicado en Hola o en Vanidades, de pronto las chicas culifruncidas que aparecen en las páginas sociales del periódico serían unas generalas de cinco estrellas. Y ni hablar de los caballeros: nada de apretones trogloditas ni ese nuevo esperpento de saludo-con-la-mano-derecha-abrazo-con-la-izquierda-y-chocamos-los hombros… ¿Qué reguero es ése? No no no, hay que imitar a los orientales: distancia y categoría.

Pero todavía no entiendo: si estoy así, de lo más precavido saludando en plan Dalai Lama, y de pronto me da por estornudar, ¿qué hago? ¿Continúo la reverencia con las manos en la cara? ¿Me volteo para el otro lado y salgo corriendo?

Ay no, esto es muy complicado. Mejor paso por antipático y le doy derecha a todo el que me quiera estrechar la mano. Total, ya mismo llegan los cuatro jinetes a repartir fuetazos y a empezar el juicio. No nos salva ni el cloro.

2 comentarios:

Zaida dijo...

Estoy que me lo hago encima. Me hiciste reir con esta.

maria sosa dijo...

I have to laugh out loud at your insight and hypochondria. I have washed my hands to the point of dry, cracking skin (no matter how much lotion I put on) and have gone through numerous bottles of alcohol-based hand sanitizer just to keep the nasty germs at bay. But this does not stop me from kissing multiple old people on the cheeks. My only consolation at this point is the report that the swine flu affects more children than older people. So no more kissing kids - kiss old people instead!