Hoy, por primera vez, escuché hablar a Carla Capalli.
Ella es ¿diseñadora? No, creo que la diseñadora será la hermana. No sé. En realidad, no sé mucho sobre ella. Sólo sé que se ha convertido en una celebridad por su particular defensa contra la crueldad hacia los animales de circo. En 2006, cuando trajeron uno de esos espectáculos en los que había osos polares, la mujer se “esnuó” para protestar, como símbolo de la injusticia a la que se someten tigres, osos y elefantes en cautiverio, puestos en un circo a hacer tonterías para que la gente aplauda.
Por supuesto, la mujer se convirtió en toda una celebridad. Incluso, es punto de referencia para amigos y amigas que emularían su gesta frente a la crisis económica que nos abate: “Si no me aumentan el sueldo, por mi madre me esnúo frente al Capitolio como Carla Capalli”. Bueno, en realidad, tengo algunos amigos locos. Y amigas también. Muchos se inspirarían en el asunto y pelarían pa'bajo, sin pena ninguna. Y sería algo difícil de mirar.
Pero hoy, en el programa de Rubén Sánchez, la escuché hablar por primera vez. Y me gustó. Me pareció dulce, simpática, con un lejano aire de Von Marie Méndez, la otrora actriz de telenovelas. En sus planteamientos –bueno, lo que pudo hablar mientras Rubén insistía, con su fastidioso estilo— Capalli dijo que ella estaría “semidesnuda o en ropa interior” ejecutando la protesta por la llegada del circo Ringling Brothers ¿o Barnum Bailey? No sé. En realidad, no sé mucho sobre circos. El asunto es que dijo que, para el 17 de febrero, repetirá la protesta anterior e invitó a la comunidad general a unirse a su reclamo.
Con candidez, Capalli respondió a las preguntas e, incluso, toreó muy bien el careo frente al productor del espectáculo, Josantonio Mellado, quien mencionó a la PETA y a las “grandes sumas de dinero” que se les paga a celebridades para que armen estos rollos. No creo que ése sea el móvil de la ¿protesta? No sé. En realidad, no sé mucho sobre lo que ocurrirá allí. Pero sí sé que el periodista Sánchez, al parecer deslumbrado por la simpatía y la innegable belleza de Capalli, insistió en saber si estaría semidesnuda o en ropa interior…
Y ahí se acabó la ¿entrevista? No sé. En realidad, no sé mucho de ese asunto. Lo que sí sé es que Carla se “esnúa”. Porque la que se desnuda es “La Maja” de Goya y Lucientes, famosa pintura del siglo XVIII que repasé muchas veces mirando libros de arte, en plena efervescencia erótica. Era la única forma legal y alcanzable de mirar lo prohibido: hojear un libro de historia del arte y estudiar las reproducciones de aquellas pinturas que presentaban pechos túrgidos, nalgas suntuosas y genitales perfectos, todo con curiosidad juvenil, absorta, inenarrable.
Cuando rebusco para saber un poco más acerca de Carla Capalli en la Internet, sólo hay noticias viejas. Se menciona la protesta del 2005, alguna que otra nota débil que la deja en el mismo vacío existencial hasta que la aparean con el autor de aquella salvajada de los perros en el Puente del Indio, cuya notoriedad pasó a mejor vida –igual que los cadáveres que ya fueron olvidados. En este país, desafortunadamente, escándalos de esta naturaleza se diluyen en el fragor de las luchas políticas. Pensé que descansaríamos de ese rollo por algún tiempo pero, por desgracia, el leque-leque politiquero sigue y no para. Pero Carla insiste: ella quiere evitar, a toda costa, que los tigres y los elefantes entren a Puerto Rico, que las denuncias hechas por las autoridades se sepan, manejando con rigor estos espectáculos que –concurro absolutamente—no abonan en nada a presentar la realidad del mundo animal.
Y ella se esnúa. Por eso, en los comentarios sobre su inminente protesta del 17 de febrero, a Carla Capalli le llaman “loca”.
En mi vida he ido a dos espectáculos de circo, cuando era niño. De uno me acuerdo porque era tan tecato que el famoso acto de la cuerda floja estaba a dos pies del piso. Del otro, que vi en el coliseo de Ponce, sólo recuerdo que me habían sacado una muela y que, aún así, comí “pop corn” mientras había tres pistas en las que pasaban cosas que, de tan tontas, olvidé para siempre. Excepto que el elefante, luego de concluir su presentación, decidió regalarle a la audiencia sus hermoso despliegue de plastas fecales mientras hacía mutis por el foro. ¿Protesta? No sé. No entiendo mucho de elefantes.
Sigo sin saber mucho sobre Carla Capalli. Sólo sé que me pareció una persona muy honesta, que se describió a sí misma como “hopelessly optimistic” al concluir la entrevista con Rubén que, cierto o no, acudirá a mirarla, de seguro.
Si Carla decide protestar, a su manera, por la defensa de los animales –sean o no de circo—pues conmigo no hay problema. Ahora, un gran problema sería que, a esa protesta genuina y sincera se uniera Noelia, la ¿artista? No sé. En realidad, no sé mucho de Noelia. Sólo sé que también se “esnúa” y que también le llaman “loca”…
Pero ésa es otra historia.