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domingo, 13 de noviembre de 2011

Paralelo

(Lo siento, Veldi: por tu culpa fue.)

Ya que estamos enchisma’os porque mandaremos a una boricua con zuecos que come mangú al próximo concurso de Miss Universe, me parece que llegó la hora de cuestionarnos si, de verdad, vale la pena seguir enviando chicas a competir en el negocito de Donald Trump. Como dijo la colega Adria Cruz en una reciente columna, las “misses” están para entretenernos pero, a decir verdad, aquí nos lo tomamos tan en serio como si se tratara de una competencia olímpica. O la apertura de un nuevo local de Krispy Kreme.

Claro, aunque rumiamos por la próxima consulta que –dicen los que saben—nos preguntaría de frente si queremos o no seguir en el limbo político que estamos, hay que pensar en opciones reales que salvaguarden esta bonita actividad que, según nos repitiera Raymond Arrieta en varias ocasiones, fue auspiciada por una distinguida filántropa de nombre "Jensy Penny". Señores, si nos quedamos como estamos o cambiamos a otro status, seguramente se arruinaría la soberbia oportunidad de que mandemos chicas por el mundo, luciendo bandas con el nombre de nuestra isla. Esto es muy, muy serio.

Para que tengan una idea: decidí analizar la existencia de un concurso llamado Miss Supranational, mencionado en el certamen auspiciado por Mrs. Penny como uno de los tantos que contará con una digna representación boricua. Si mis conocimientos no han sido violentados por algún ataque alemán, el prefijo “supra” significa “superior, por encima". Entonces, no me extrañará que una chica boricua llegue hasta el certamen ataviada de astronauta –como la chica de Bayamón, en su "simpático atuendo" representativo del Parque de las Ciencias. En realidad, la joven boricua necesitará el trajecito de marras y muchos otros con casco y oxígeno incluídos, ya que el objetivo del concurso es sobrevolar la atmósfera por encima de la constitución internacional ya conocida para buscar, por supuesto, la paz mundial. (Pausa para el "eye rolling".)

El tema no es nuevo, si consideramos que así viven nuestros ilustres políticos. Desde que empezó el tiempo de encuestas, cada uno de los contendientes al trono de La Fortaleza y sus respectivos achichincles se cantan como ganadores indiscutibles de los próximos comicios. De ahí se me ocurre la idea: ¿por qué no inventarse otro concursito alterno a la realidad? Para mí sería lo justo.

En principio, esas lindas muchachas que compiten por nuestra corona nacional no tendrían que responder a preguntas tan profundas como la realidad de la prostitución en la Internet, las opciones para contener la criminalidad además de la educación y la abstinencia sexual para evitar las enfermedades de transmisión sexual. ¿Por qué? Sencillo: en el universo paralelo, todo es bello. Las mujeres no salen a la calle en dubi, los hombres se amarran los calzones en la cintura, las viejitas se mecen en los sillones y los doñitos juegan dominó en la plaza. Nadie habla de “lo malas que están las cosas” ni teme salir al portón para recoger el periódico. Nunca hay fila en los bancos ni en los supermercados, y los empleados te tratan con infinita ternura, sin llamarte "mi amol" o "shico".

Me parece que deberíamos manifestar la idea: un mundo en el que nuestra vida se desdobla con facilidad, sin tapones ni crímenes, sin enfermedad ni escasez. Todo el mundo respeta las señales de tránsito y las calles no se convierten en natatorios si llueve por quince minutos corridos. Todos somos eternamente jóvenes y podemos incluir las frituras como parte de la pirámide alimentaria sin riesgo de desarrollar odiosos síndromes metabólicos o malditas enfermedades cardiovasculares. Producimos nuestra energía sin necesidad de tubos malditos, consumimos los alimentos cultivados en hermosos predios agrícolas y siempre –siempre—estamos preparados para enfrentar los huracanes (con artículos de primera necesidad; nada de cervezas, salchichas y galletas de soda). Me mudaría en un suspiro a ese universo paralelo, si no fuera porque ya está habitado.

¿Que usted no sabe? Pues claro: el Gobernador y sus ayudantes viven en ese paraíso desde el 2 de enero de 2009. De hecho, el concurso para escoger a Miss Parallel Universe Puerto Rico fue, precisamente, la semana pasada. Ganó una chica guapísima, alta y absolutamente natural --nada de cirugías ni celulitis. Rubísima como el trigo, nuestra digna representante nació en Michigan, de padre tejano y madre ucraniana. Tras ganar la corona, se anunció de inmediato el diseño de su traje autóctono, una interpretación fashion de la fuente central de Plaza Las Américas. La chica habla inglés perfecto, por supuesto y, ni pa’ salvar su vida, ha escuchado a Calle 13.