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domingo, 14 de septiembre de 2008

"Ex"traño

Cuando leí el mensaje que mi querida amiga “Sandra” me envió por correo electrónico, me eché a reír. Después de comentarme que siempre le gusta leer mis escritos –algo que agradezco sobremanera—“Sandra” me hizo una petición muy particular: “escribe algo sobre lo que uno hace cuando se encuentra con un ‘ex’.”

Honestamente, tuve que investigar para cumplirle la petición a “Sandra”. Bajo el renglón de los “ex files”, no tengo muchos datos almacenados. Que yo recuerde, me he enamorado dos veces en mi vida, y así me quedé. No ha sido por falta de interés: sencillamente, después de las “ex”periencias anteriores, decidí que era mejor estar solo. Ya sé que suena como a que estoy aborrecido, pero la verdad es que ejercí un derecho que me corresponde. Además, no tengo el ánimo para esos empalagos que los/as enamorados/as de ahora se envían por mensajes de texto (“te kelo muuuchouuu”, “t kelo x 100pre”). Ugh.

Sin embargo, la historia de “Sandra” me conmovió. Al parecer, su situación es un tanto más complicada que rebuscar entre las yaguas viejas porque, definitivamente, ha encontrado cucarachas. Según su relato, mi querida amiga disfrutaba de un sábado de compras en el centro comercial cuando se topó con el “ex”, ahora casado con otra chica. Como ciudadana civilizada –y porque no le quedó más remedio, ya que se toparon de frente—le tocó saludar a la feliz pareja. Se “pusieron al día” sobre sus trabajos y ocupaciones, y la conversación concluyó con buenos deseos. Hasta quedaron en buscarse por Facebook y mantener el contacto. Pero ése no fue el final de la historia.

“Después que hablé con él empecé a temblar”, confiesa “Sandra” en su mensaje. “Sentía que me iba a morir y lo peor es que, cuando lo vi con ella, se me revolcó el avispero.”

(Ay Dios.)

Si quieres mi absoluta franqueza, querida “Sandra”, creo que tu error fue conversar. Las veces que me he encontrado con una “ex” persona de mi vida anterior –amores, amoríos, amistades y hasta compañeros/as de trabajo— siempre he reaccionado de la misma forma: civilidad silenciosa. Un movimiento de cabeza a modo de saludo cortés, un “qué tal” amable pero distante, y ya. Nada de contarnos la vida y milagros, comparar cicatrices, repasar la tabla del cinco o preguntarnos por la parentela. Eso da pie a “ex”humar cadáveres que, nada más por higiene mental, deben permanecer en la oscuridad de la fosa.

No obstante, admito que a veces –como ocurrió en tu caso—no queda más opción y, bueno, hay que actuar con humanidad. Uno no puede saltarles por encima a las doñitas que rebuscan en la mesa de la ropa de cama sólo por evitarse el mal rato de enfrentar a quien no quiere. En ese caso, amiga mía, hiciste lo correcto: saludaste, preguntaste, y te interesaste por una persona en una situación social bastante común. Lo que no entiendo es ese asunto del “avispero revuelto”. ¿Hay necesidad de revivir ese pasado? ¿O es que, sinceramente, todavía te interesa colgarte del brazo de ese “ex” que ya te pasó la raya y continuó con su vida?

Honestamente no, porque te conozco. Aunque nunca me has compartido los detalles de tu vida con el “ex” (de hecho, me sorprendió tu mensaje sobre el tema), sé que dejarlo y seguir adelante fue una buena decisión para ti. Además de guapa, eres una mujer inteligente, y me consta que tienes un corazón muy noble. Gracias a tus ejecutorias, has progresado en el mundo de lo profesional, por lo que ahora disfrutas de una vida holgada y tranquila. Entonces, ¿para qué torturarte con lo que pudo haber sido y no fue?

No quiero, sin embargo, sonar cruel con respecto de tu angustia existencial, porque tienes mucha razón. En estas circunstancias, el amargo que te sube por la garganta no se lo deseo ni al peor de mis “ex”nemigos. Pero es bueno que ocurran estos malos ratos, porque sirven para confirmar la lección aprendida: lo que ya pasó, ya no tiene que ser. Y aunque, por alguna razón del destino, vuelva a ser, nunca será lo que fue.

Yo que tú, “Sandra” querida, sacaba el insecticida y mataba el avispero. De una buena vez y para siempre. Ah, y olvídate de añadir al “ex” en tu lista de contactos del Facebook, ni siquiera por tener más amigos cibernéticos. Y si lo vuelves a ver, salúdalo de lejos. De todos modos, antes fue tu pareja, pero ahora no es más que un “ex”traño.