Todavía no se han apagado los humos del
estadio olímpico en Londres y ya se me ha ocurrido una idea para que barramos
con las medallas en 2016: proponer el tuiteo –comunicarse vía Twitter—como un deporte de competencia. Considerando que, durante las dos semanas que
se celebró la 30ª Olimpíada, se generaron sobre 150 millones de tuits alrededordel mundo, entiendo que estamos más que preparados para participar en una
contienda de marca mayor. Además, la reciente decisión del Tribunal Apelativo sobre el caso de Juan Carlos Pedreira, nos da pie para que esparcir nuestras posibilidades como mantequilla derretida sobre el pan de las posibilidades.
Probablemente me caerán chinches: que si no
hay dinero, que si los atletas boricuas no pueden con la carga de sus
entrenamientos, que si patatín, que si patatán...
Les mataré el pollo en la mano: hace rato que, con
disciplina férrea, nos pegamos al televisor a las seis de la tarde para
consumir las suculentas informaciones de @lacomay y @dandocandela –sin contar
los otros programas radiales dedicados al cotilleo político y farandulero. Entonces, ¿por qué no movilizarnos hacia esa
actividad en espíritu de competencia en lugar de echar barriga frente al televisor?
De hecho, como ocurre en toda competencia deportiva, será necesario evaluar
nuestras aptitudes físicas para la práctica de esta disciplina: es necesario tener el cuerpo grande
(para el empuje), el cuero duro (para el aguante) y la lengua larga (para el ataque). La agilidad para manejar furiosamente el teclado de un
teléfono celular se requeriría como una destreza adicional, pero esos
son otros veinte pesos: lo que manda aquí es “cantarlas como las ves”, sin rodeos
ni medias tintas, escribas bien o escribas mal.
De igual forma, tener ingenio suficiente para comentar de lo que te
interesa –sea ofensivo, mal intencionado o cruel—es obligatorio. Nada mejor que
tuitear con propiedad y corrección sin medir consecuencias para lograr la ristra de preseas.
Hay que aclarar, sin embargo, que esta
disciplina debe asumirse con seriedad.
Para ello, establecer algunas reglas básicas que me atrevo
a sugerir –no son las únicas ni las mejores, pero son las mías-- es propio. A ver cómo se las resumo:
- Tutear a todo el mundo – No es lo mismo que tuitear: para quienes desconozcan las diferencias, “tutear” –tratar de tú a una persona—es un privilegio social absolutamente olvidado en estos tiempos. Alguien que no te conoce –como esa linda mesera que te llama “shico” (así, con sh) cuando pregunta qué vas a tomar—te zumba al mismo medio del océano de la confianza indeseada y nunca conferida, olvidándose de que alguna vez Pacheco nos trataba a todos de usted. Al perderse la definición en las líneas del respeto, tenemos licencia para invadir la privacidad de otros, tal y como lo hacen quienes hablan duro por celular en sitios públicos –en ese deporte también tendríamos mucho éxito olímpico, pero esos son otros veinte pesos.
- Estar medianamente enterado – El secreto del tuiteo olímpico exitoso –ése que se dedica a desgranar reputaciones como mazorcas de maíz tierno—estriba en repetir medias verdades y opiniones desacertadas, sin profundidad de conocimiento. ¿Quién dijo que es necesario averiguar datos, confirmar fechas, corroborar apellidos, investigar a fondo? Nada que ver. Si tienes alguna opinión sobre el tema, con lo poquito que te diga tu fuente de información favorita (ya sea @jayfonsecapr o @DAVILACOLON o @waltermercado5) tú repite por ahí pa’ bajo. Si no te sale, es fácil: aprende con @maripilyrivera –a quien propongo como abanderada del equipo.
- Utilizar la malicia para competir – Se trata de aplicar el viejo proverbio, “solo el más fuerte sobrevive”. Si quieres perfeccionarte en la disciplina, debes estar al pie del cañón, con la insidia en una mano y la saña en la otra, cuando te conectes al “tuit” para ejercitar el músculo del comentario mordaz, la nota sardónica, el ruido morboso. Gran ejemplo es la gesta de la ya campeona nacional del tuiteo cruel, @heidiwys, quien no reparó en esas virtudes para dirigirse, en un salto tuitero con pértiga, al mismísimo @barackobama. Si te haces lo suficientemente conocido por tus tuits insoportables, lograrás reconocimiento –de seguro hasta te sigue alguien de la prensa y terminarás publicado en @primerahora.
- Asumir responsabilidad por tus palabras – Tuitear como deporte debe tomarse muy en serio. Eso de que eres “dueño de lo que callas y esclavo de lo que dices” se cumple muy bien con este deporte. Todo queda para récord en tu página (aunque lo elimines, siempre habrá “arqueólogos cibernéticos” que rebuscarán en sus computadoras hasta encontrar la evidencia). Si hablas en contra de algún grupo minoritario o si emites algún comentario despectivo, racista o denigrante, da la cara y aguanta lo que venga –para tu información, aquí pierde el que se enoja.
- Disculparte sólo cuando has logrado pauta – Si el tuit trasciende la relativa privacidad de tu cibermundo y se convierte en materia de discusión popular, asumir actitud de víctima cuando te toquen a la puerta es el secreto de la impunidad que te llevará a la victoria. Así ocurrió con Madeleine Torres (una dama de extracción ponceña que, aparentemente, emitió comentarios despectivos sobre la participación de Javier Culson en la carrera olímpica): igual que ella, cuando te llamen de @elgoldoypelua tienes que bajar el moco y someterte al escrutinio nacional. Claro, habrá que atenerse a las excusas permitidas, como el “hackeo” de tu cuenta—si alegas que tu marido loco usó tu cuenta sin permiso tienes el pase directo al grupo de odio creado en Facebook por veinteañeros ociosos y de eso nada, monada.
Por supuesto, mi humilde propuesta requiere profunda cavilación para que adquiera matices más serios a considerarse por el comité olímpico local. Sin embargo, me atrevo a decir que, en efecto, con un tuiteo efectivo y bien pensado lograríamos avanzar hacia las cumbres
olímpicas con asquerosas cantidades de medallas doradas que dejarían atrás a
los chinos y a los gringos en la gesta deportiva. Eso sí, hay que consultar a @BernierCOPUR a
ver qué le parece. Por chavos no hay
problema: el entrenamiento comienza ya, hoy mismo, frente a la computadora o el
celular.
Para adiestrar al equipo nacional, propongo
contratar a @cucusahernandez como dirigente de este esfuerzo deportivo. Con
la ayuda de la exjueza, exrepresentante y experta tuitera, estoy seguro de que
pudiéramos alzarnos con varias medallas olímpicas, un anhelo largamente
acariciado por los amantes de las paradas en carrozas por la (ahora muy peligrosa)
avenida Baldorioty, los tapones y los días de fiesta.
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| Fotomontaje original: www.facebook.com/trolleandoconelpnp |
Ya hasta nos publicaron el manualito: si de ésta no ganamos, estamos bien jodidos.
