Hay algunos que los buscan y otros que los pierden. Esta semana hemos vivido entre los tesoros: aquellos que se proponen rescatar de la manera más insulsa, y otros que quedaran sepultados bajo la tierra, aunque nunca olvidados.
De formas muy distintas, y con propósitos muy diferentes, se ha mencionado la palabra de marras. En el primer caso, la senadora “no muy brillante” –por decirlo de una forma elegante—Evelyn Vázquez ha traído nuevamente a la discusión pública el asunto de las supuestas riquezas hundidas en un galeón como la alternativa ideal para subvencionar los Juegos Centroamericanos del 2010. Hablar de esta señora es, sencillamente, perder el tiempo. Sin embargo, como en este país la gente tiene memoria muy corta, es importante señalar que no es la primera que se ha destacado por sus notables ejecutorias.
Por ejemplo, la senadora penepé Luisa Lebrón, aquella propuso celebrar el “Día Internacional de la Muñeca” es una que se ha perdido en los profundos mares del olvido. Y ni hablar de la ex reina de belleza y senadora pepedé Ana Nisi Goyco, quien provocó un enorme tapón en el Viejo San Juan cuando detuvo su automóvil, a punto de zozobrar en su propia orina…
En fin, que la “no muy brillante” Evelyn ha defendido su idea con extraordinarias alusiones a la geografía caribeña, aludiendo a los “países” de Tampa, Miami y Santo Domingo como dignos ejemplos que servirían como inspiración para financiar la actividad deportiva que, a estas alturas, sufre una seria amenaza a nivel operacional. Y ni hablar de sus comentarios tan profundos sobre nuestros vecinos dominicanos...
Lo que no me explico es como esta persona llega a la gestión pública: ¿será que, para calificarse en un puesto de esta índole, sólo basta firmar con una cruz? Bueno, si hablamos de la cruz debajo de la insignia con la que, de seguro, la ubicó en un escaño y le ha proporcionado foro público para discutir esos asuntos maravillosos. Referirse a la otra –ésa que usan los analfabetas para firmar—resultaría ofensivo para estas personas que, aún sin conocimiento académico, son mucho más lógicos e inteligentes que esta buscadora de tesoros.
Precisamente, y en otro contexto muy distinto, la doctora Myrna Casas utilizó el término “tesoro” para referirse al recién fenecido actor boricua José Luis “Chavito” Marrero. La muerte de Chavito –a quien tuve el privilegio de conocer—significa, como bien dijo doña Myrna, una pérdida irreparable para el teatro puertorriqueño. Chavito representó lo mejor de su arte por muchos años y nos deleitó con su talento en diversas ejecuciones, dejándonos un legado incuestionable… O por lo menos, eso pensaba yo: en las varias reseñas sobre su muerte, publicadas en las páginas electrónicas de los diarios nacionales, me espantó el desparpajo con el que algunas personas imbéciles llamaron a Chavito “un desconocido” cuyo legado era desconocido e insignificante.
No quiero pensar que este comentario tan insulso lo escribió la “no muy brillante” senadora, porque hasta ahí llegamos.
Honestamente, cuando leo estas cosas, se me espanta el alma del cuerpo. No sólo me preocupa la salud mental de este país, sino la poca educación que, al parecer, se imparte en las escuelas y colegios boricuas. Por una parte, cuando vemos cómo se pierde el tiempo y se desperdician los espacios de discusión pública en asuntos como el “tesoro” de Evelyn, cuestiono seriamente el objetivo de los medios de comunicación. Por otra, el apoderamiento ciudadano, producto de la amplia oferta para la producción de contenidos mediáticos indiscriminados, sirve de plataforma anónima para comentarios ignorantes, insulsos y degradantes que manifiestan la poca sensibilidad sobre la historia y el orgullo por lo nuestro.
Por suerte, Chavito es un tesoro que sí podemos rescatar del olvido, promoviendo su vida y obra para que se multiplique su valor. En cuanto al otro tesoro, ése que está bajo el mar… Bah.