sábado, 18 de febrero de 2012

Casco


¿Que el alcalde de Mayagüez invertirá fondos públicos para señalar a quienes osen atacar el buen nombre de su ciudad –y el suyo—a través de los medios cibernéticos?  No me jodas.

Pues sí que sí, a don Guillo le ha dao con esas changuerías.  En aras de proteger la integridad mayagüezana y la pulcritud de sus bigotes, tal parece que ha convertido en una soberbia ordenanza municipal para autorizar “profundas investigaciones” sobre cualquier ataque cibernético que atente contra el buen nombre de la ciudad, “sus gerentes, funcionarios y empleados”.  Según el documento, el gobernante tendría la potestad de contratar a unos blogbusters –o algo así, me imagino—para detectar cuanta letra se escriba en contra de su ciudad, de alguno de sus funcionarios, incluyéndole.  La razón –dice la nota publicada por Noticel—es señalar y perseguir a los “cobardes” que se esconden bajo nombres falsos para atacar “de manera ilegal e irresponsable” a través de las redes sociales, emprendiendo ataques viciosos que laceren el buen nombre de un gobierno intachable.

A ver si lo entendí.  Si, por ejemplo, ahora mismo escribiera algún comentario denigrante o malicioso en este blog que atentara contra la honrosa ciudad de Mayagüez, de seguro estaría en peligro de ser acusado por uso inadecuado de los medios cibernéticos, actuando con malignidad absoluta que mancilla la integridad y el prestigio de todos los que laboran en la administración municipal.  De inmediato, me convertiría en persona non grata para los mayagüezanos y hasta podría enfrentar acusaciones en los “foros correspondientes” –no sé cuáles, porque el documento solo especifica la asignación de fondos para la investigación y el señalamiento, mas no aclara bajo qué estatutos legales se ampararían las acusaciones para proceder legalmente contra los imputados.

Vaya por Dios: el Guillo se ha guillao y de qué manera.

Quiero pensar que esta soberbia estupidez se debe a un temor oscuro y hondo que asusta a este señor.  Es posible que, recorriendo las calles de la ciudad que gobierna desde hace casi dos décadas, el alcalde se ha percatado de que, por el terrible embate de la crisis económica, escasean los “men’s hairstyling salons”.  Entonces, preocupado porque se descubra el terrible secreto que oculta bajo su extraña cabellera, el alcalde intenta detener cualquier insinuación maliciosa, insulto inmerecido, amenaza punzante o comentario mordaz que atente contra esa negrísima corona de gloria.

Ya sé: la gente es mala, y usa la Internet para hacer pocas vergüenzas, chistes de mal gusto y fotomontajes de baja calaña que circulan por Facebook con la impávida fluidez de las aguas puras mayagüezanas.  Sin embargo, señor alcalde, con todo el respeto que merece, es un deber decirle: la verdad es hija de Dios y las fotografías no mienten.  Estoy seguro que ninguno de sus ayudantes, funcionarios ni empleados, que tan lealmente sirven al gobierno de la egregia Sultana del Oeste, se ha atrevido siquiera a mencionarlo con todas sus letras, temiendo por su seguridad, la de sus familiares y sus mascotas.

Nadie ha tenido el valor de decirle que, en lugar de cabellera, usted tiene un casco de motora incrustado en la cabeza.  Si por decir esta verdad soy culpable, usted quédese tranquilo: calva al aire y con la pierna cruzada, sentadito esperaré a que sus ciberpolicías me detengan.

Foto: Josian Bruno/Noticel

 

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